domingo, 16 de octubre de 2016

Amar sin ver


“cómo puedes amar a alguien que no ves, si no amas a alguien que ves” dice una frase muy usada por cristianos en la actualidad. Lo cierto es que es muy difícil amar a alguien que uno no conoce, que no lo ha visto y que nunca ha oído su voz. 

Cuando mi esposa quedó embarazada; ambos nos emocionamos al saber que íbamos a tener un bebé. Los primeros meses mi esposa se tocaba y se acariciaba la pancita como acariciando un bebé, a veces tomaba mi mano y lo colocaba en su barriga y me decía: “nuestro bebé; el fruto de nuestro amor” aun, externamente no se sentían los movimientos del bebé, pero sabíamos que estaba ahí en el vientre, aunque mi esposa, sí, lo sentía porque los síntomas del embarazo eran evidentes.

Cuando el embarazo iba por los 5 a 6 meses, mi esposa empezó a hablarle más seguido al bebé que estaba en su interior, además para esta etapa ya sabíamos que era una niña. – “Hablale a tu hija” – me decía, y yo solo alcanzaba a decirle “hola hijita soy tu papá” y no tenía más palabras para decirle cosas bonitas o pequeñas conversaciones al igual que mi esposa hablaba con nuestra hija en su vientre. Ella se molestaba conmigo por mi inhibida expresión, hasta llegar al punto de que algunas veces me decía que yo no la quería a mi hija. Pero yo sí esta emocionado con mi hija, sí la quería, la amaba, solo que no tenía palabras para hablarle tal vez porque no la conocía, no la había visto jamás físicamente salvo en las ecografías borrosas que teníamos de ellas aunque la mayoría de las ecografías lo hicimos en máquinas de última generación. Y es aquí donde surge el dicho con el que comencé este artículo.  Esto mismo me pasó en mis primeros meses de cristiano; no me acostumbraba hablarle a un Dios que nunca lo había visto, como podía decir que amaba a Dios si nunca lo toque ni le abracé, nunca antes tuve una cercanía con Él, después entendí que todo era por fe.

Ya cuando nació mi hija, lo tomé en mis brazos la besé, me encariñe, le cantaba arrullos para que se duerma, le inventé canciones basados en su nombre, fue mi modelo para las fotografías, le hice videos y muchas otras formas de expresión de cariño y amor.

Aprendí a quererla mientras estaba en el vientre de su madre, mientras aun no la veía, pero sabía que estaba ahí. Tal vez no fui tan expresivo como su madre, pero cuando nació mi hija; la amé mucho más aún.

Hasta la próxima!!!

sábado, 10 de septiembre de 2016

La dicha de ser padre



Ser padre es una experiencia cautivadora. No importa la forma en la que uno haya adquirido la paternidad; ser papá siempre resulta emocionante. En mi caso; yo, me casé, y luego de unos meses mi esposa quedó embarazada. Pero no todos llegaron a ser padres mediante esta vía. Algunos se anticiparon al matrimonio, otros por el calor hormonal de la adolescencia, algunos bajo la influencia del alcohol o las drogas y por último aquellos que adoptan un bebé.

Pienso que la ruta de llegada no es muy importante, porque una vez que el bebé nace, lo más importante es él. A partir de ese momento la vida cambia; ya nada es igual que antes. Casi todo gira en torno al nuevo integrante de la familia, por lo menos hasta su primer año.

Para mí, tener en mis brazos a mi hija recién nacida, pequeña, totalmente indefensa, tierna y frágil, me llenó de ternura y por primera vez en mi vida sentí en mi interior una mezcla de emociones que no había experimentado antes y que me resulta difícil describir. Lo tomé en mis brazos, lo acerqué más hacia mi pecho y mis ojos se pusieron vidriosos por las lágrimas que se me derramaron de emoción.

Después de ese día, hasta hoy, estoy aprendiendo a ser padre. Ser papá es como dirían los grandes teóricos “es hacer trabajo de campo”, o como diría Joan Manuel Serrat: “caminante se hace camino al andar” padre se hace padre al ser padre. Ser padre es una experiencia cautivadora.
 
Hasta la próxima!!!